Pasado ya un tiempo, bueno es siempre reflexionar sobre aquellos grandes hombres que antes que nosotros aquí estuvieron y que son ahora ejemplo de la vanidad de la vida. Uno de ellos, por su pérdida tan próxima es, sin duda, el difunto Mario Vargas Llosa, como hombre inteligente que era y excepcional escritor que es (pues vive en sus obras), más de una vez se le pasaría por la cabeza en esos últimos momentos de su vida, cuando ya se sabía con los dos pies en el otro estribo, si la fama que había ido adquiriendo y amasando a cada golpe de novela, lo haría inmortal o, por el contrario, cuando ya pasara el tiempo que todo lo destruye, no sería más que otro cadáver en ese montón tirado en la cuneta de la historia de la literatura, que a veces no tiene piedad con sus mejores criaturas. La duda no es baladí pues, conocedor como era de nuestro pasado literario, no sería ajeno a casos y a torres, si no más altas, a una altura lo suficientemente considerable para creerse a salvo del tiempo y sus agravios. A don Mario le asaltarían en la memoria los nombres de autores que en su siglo gozaron de éxito y prestigio y que ahora duermen el sueño del olvido, carne de cañón de nota al pie de enciclopedias que ya nadie quiere. Y seguramente que entonaría, ya en su lecho de muerte, aquel Ubi sunt? al recordar qué fue de aquellos poetas y dramaturgos que dieron brillo a nuestra edad dorada; qué de los grandes escritores de novelones que hacían llorar a las porteras, las mismas que en las postrimerías del siglo decimonónico se peleaban por adquirir la última entrega; qué de los finos y sentimentales escritores de relatos cortos que tanto esplendor dieron a este género en los inicios del siglo pasado, qué, sin ir muy lejos, de aquellos autores de novela rosa que copaban las listas de éxitos en los años más grises de nuestro siglo XX… Y por su cabeza irían desfilando nombres y más nombres, premios y más premios, fama al fin y al cabo efímera, simple vanidad. Y como un personaje de tragicomedia clásica se preguntaría para qué escribió tanto, para qué edificó historias y construyó sueños, para qué, en definitiva, adquirió fortuna tanta con tantos desvelos. Y ya a punto de expirar reconocería que nadie, ni los más grandes como él tienen la inmortalidad garantizada, ni pueden estar a salvo de la impiedad de un mundo que ha perdido el control y sus referentes, en el que la lectura, por la que tanto luchó, es una actividad anticuada y reducida a grupos de personas que oponen una cada vez más débil resistencia a los embates de un tiempo tan adverso como inoportuno. Don Mario murió en olor de santidad literaria, lo que no garantiza la “eterna-unción”. José López Romero.
Blog de José López Romero
Julio Cortázar
"Un libro empieza y termina mucho antes y mucho después de su primera y de su última página" (Julio Cortázar)
"Mientras se puede dar no se puede morir" (Marceline Desbordes-Valmore)
viernes, 30 de enero de 2026
viernes, 16 de enero de 2026
UNA DE TÓPICOS
“Ya sé que estamos siempre solos… / que la felicidad se desvanece… / que la vida carece de sentido… / que quienes andan por la calle / son solo muertos con unos días / de permiso. Lo sé. Sé todos los tópicos. / Y sé que son verdad…”, dice José Luis García Martín en uno de sus poemas. Tan excelente poeta como crítico literario (ver su blog “crisisdepapel.blogspot.com”). Y a todos estos tópicos que Gª Martín va desgranando en sus versos, podríamos añadir otro que también sabemos todos y que, sin embargo, de vez en cuando, nos hace llevarnos las manos a la cabeza: “casi todos los premios literarios en este país están ya dados de antemano” (¡cuidado!: “casi todos”), y si no, que se lo pregunten a García Montero o a Andrés Trapiello, quien tendrá muchas anécdotas que contar al respecto. Por eso, no entiendo, sabiendo como lo sabemos, que haya levantado tanto escándalo la concesión del Planeta. Antes se intentaba premiar a un primera figura, que midiese su dignidad literaria en euros, caso de Cela, con escándalo de plagio incluido, o de Mario Vargas Llosa. Sin embargo, no se dejó embaucar por la dotación del premio Miguel Delibes, cuya dignidad literaria estaba muy por encima del saldo de su cuenta corriente. Que se premie a una mujer o a un hombre de la casa, y si el personaje despierta cierta polémica no es más que la prueba de que la literatura o, mejor dicho, los premios, como el Planeta, no son más que un negocio, y que la empresa además de recuperar el gasto quiere obtener beneficios, cuanto más, mejor. Y como diría Gª Martín: “Ya sé que somos polvo y sombra/ pero mientras el polvo dura / el mundo está bien hecho”. Pues eso. José López Romero.
viernes, 12 de diciembre de 2025
DE DIOSES Y DIOSAS
De todos es sabido que el ser humano siempre ha tenido entre sus aficiones más caras crear dioses con el fin de entretener a la masa, a la que es necesario dirigir, educar y amedrentar. Algunos que no han creído en esos dioses convencionales, les han dado forma a los suyos propios, a su imagen y semejanza, dioses que se veneran en grupos, a los que llamamos sectas o partidos. Y ya que estaban en faena, ¿por qué no dioses literarios? De esto todas las ideologías, tanto de derechas como de izquierdas, saben mucho. Sin embargo, a veces se pasan y elevan a los altares a escritores y escritoras cuyo currículum cuando en ellos se escarba dejan las vergüenzas inconfesables al aire. La penúltima, Simone de Beauvoir. Llevada a la santidad por aquella izquierda intelectual y feminista, pero tan sectaria, estaba además avalada por otro de los grandes dioses del Olimpo literario y filosófico: su marido, Jean Paul Sartre. No hace mucho saltaba a los medios de comunicación la revisión que lleva años haciéndose de las aficiones pedófilas de la Beauvoir, de su colaboración en la radio nazi de Vichy y la relación con sus ex alumnas (“Tenemos un problema con Simone de Beauvoir”, El Mundo, 1 de abril de 2025). Y en Internet se puede consultar en el Diario feminista cómo el artículo “Presenting Beauvoir as a Feminist Neglectingher Defense and Accusations of Pedophilia”, publicado en la revista HSE Social and Education History, denuncia “que, a pesar de que es público que Beauvoir defendió públicamente la despenalización de la pederastia, y de que fue condenada y apartada de la enseñanza por un caso de abusos a una estudiante menor de edad, ha sido presentada en muchos artículos científicos como un ejemplo de la lucha por la libertad sexual y contra el acoso.” (29 de marzo de 2022). Y ahora lo que toca es derribar altares y efigies y hasta anatematizar su memoria. Plegar velas y buscar otros santones. Y para ello nada mejor que las efemérides y las muertes prematuras, magníficos caldos de cultivo de esta elevación a los altares a la que tan aficionados somos. Clubes de lectura que les rinden culto, nombre de puentes o de bocas de metro y, en breve hasta estampitas, porque ya se encargan las editoriales de promover sus obras, que compran religiosamente (y nunca mejor dicho) sus fieles. El negocio es el negocio. Y así, todo es poco para estos dioses cuyas vidas nada tuvieron que ver con la ideología que supuestamente representan y que, sin embargo, los hagiógrafos, que ya proliferan (todo sea por la prebenda de algún premio), se empeñan en propagar para entretener a la masa, que tanto gusta (otro divertimiento) hacer revisión permanente de la Historia. Pero que sea de toda la Historia, no de la que les conviene. José López Romero.
viernes, 28 de noviembre de 2025
"ELLOS Y ELLAS. LA JOVEN POESÍA DEL 27"
Nada más leer el título, el lector podría pensar que estamos ante otra, una más de las muchas antologías que se han publicado de aquella generación del 27, considerada por muchos como la segunda edad de oro de la lírica española y, en cambio, para otros, los menos, como un grupo de poetas sobrevalorados. Pero no estamos ante una antología más. En primer lugar, Manuel Bernal Romero, el antólogo, ya tiene en su haber estudios muy rigurosos sobre el 27, entre ellos: ‘La invención de la generación del 27’, ‘El nacimiento de la generación del 27’, ‘La falsa influencia de Góngora en la generación del 27’, ‘Las muertes de Federico’ y “El flamenco y la Generación del 27’ (editorial Renacimiento), por lo que no es en ningún modo un recién llegado a los estudios del 27, como así también atestigua la introducción incluida en el libro; en segundo lugar, esta antología viene a cubrir los grandes vacíos o agujeros negros que en la Historia de la Literatura siempre terminando dejando los grandes escritores, los que se llevan la fama y el éxito, a costa de ensombrecer a otros poetas que merecen la atención y el interés de los lectores; y en tercer y último lugar, porque entre estos escritores oscurecidos por las primeras figuras, se encuentran en esta antología “Ellas”, un buen grupo de escritoras cuya nómina y producción poética no podemos consultar en otras selecciones ya publicadas del 27. Las reseñas de cada autor y autora incluidas en el estudio previo es otro valor añadido de esta antología que tan bien cuidada está tanto interna como externamente. Esta antología se presentará el próximo lunes, 1 de diciembre, en la Fundación Caballero Bonald. José López Romero.
viernes, 14 de noviembre de 2025
MALOS
Después de su primera novela, que fue todo un éxito, un tanto inesperado, todo hay que decirlo, se fue poco a poco acomodando. Quería disfrutar de los pingües beneficios que le reportaban sus obras y que iban engrosando su cuenta corriente a la misma velocidad que sus novelas aparecían en los escaparates de las librerías. Y aunque no quería reconocerlo, en su fuero interno no podía engañarse. Había descubierto el método, y a la sombra de su exitosa irrupción en el panorama literario nacional, las novelas siguientes habían tenido una buena acogida, aunque ninguna llegara a tener el favor unánime de la crítica. Es más, cuando se publicó la cuarta, aquellos críticos que habían visto en él “una de las voces más prometedoras de la narrativa”, “un autor que pronto será considerado un referente de la narrativa actual”, ahora le discutían el mérito y hasta se quejaban del cansancio de un método que olía a la legua a agotamiento. Criticaban que uno tras otro relato vieran desfilar un grupo de personajes yuxtapuestos, sin la menor conexión, que contaban sus vidas a través de una serie de acontecimientos tan absurdos que terminaban por hacer insípida la narración y toda la novela. ¿Realmente eran tan malas? Él seguía teniendo un nombre entre los escritores de su generación, notaba el respeto que aún infundía y, sobre todo, la prueba más palpable de ello: su editorial de toda la vida literaria no le había discutido nunca una obra y seguía manteniendo la misma relación comercial con ella. Aunque bien pensado, ahora que se ponía a recordar, estaban en el tiempo en que las editoriales preparaban sus lanzamientos de temporada y nadie lo había llamado para pedirle una nueva novela, como hacían todos los años. ¡Bah!, ahuyentó fantasmas, en unos días seguro que llamarán. Inquieto porque no recibía aquella llamada, una mañana decidió pasarse por una librería y comprobar que seguía teniendo su público devoto. Y el azar quiso poner en su camino a un joven que con una de sus novelas en las manos le comentaba a la que sin duda era su novia: “… se dice que no hay libro tan malo que no tenga algo bueno, e incluso he oído que hay que leer libros malos porque en la comparación se aprecian más y mejor los buenos; yo, cariño, pienso que hay tanta y tan buena literatura por ahí que no merece la pena perder ni un minuto con una mala novela. Porque son los buenos libros los que aficionan a la lectura. Este autor, con toda su fama, ya podría ser más consciente de lo que escribe y publica. Y esta novela es muy mala”. ¡Niñatos!, pensó con irritación. Pero algo se le removió en la conciencia y notó un sabor amargo en la boca. José López Romero.
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