Esta mañana me crucé con el tomo 27 de la enciclopedia Espasa, el que recoge las entradas desde GUB hasta HN. El pobre daba pena. Las pastas hinchadas, con algunos desgarros, descuadernado… Un cristo. Yo conocía a toda su familia de mi época de estudiante y no pude por menos que acercarme a él y preguntarle qué le había pasado. “Una tragedia –se lamentaba amargamente– ¡Qué desgracia! Llevábamos en aquella casa, en nuestra estantería de toda la vida, años y años de exposición, de adorno. Hasta que un día decidieron prescindir de nuestros servicios. “Necesitamos este testero para poner la mesa y el ordenador del niño”. Ni dos días duramos. Una noche nos vimos todos en el contenedor de la basura. Unos individuos que pasaban por allí comentaron que podrían llevarse algunos tomos para la chimenea porque el papel arde muy bien. Yo pude salvarme oculto entre la inmundicia y la basura, pero con los daños que ya ves. Y ahora vago por las calles, me oculto tras algún árbol cuando noto el peligro… ¡Con lo que nosotros hemos sido! “La Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana”, era nuestro título. Solo nos faltaba que nos concedieran la grandeza de España –recordaba con tristeza–. Y mírame ahora.” Y lo vi alejarse renqueante, cojeando, perdiendo hojas a cada paso que daba. Es carne de cañón –pensé. En una de estas noches terminará en un fuego que mitigará el frío de unos individuos, quienes no sabrán nunca que estaban quemando la mejor enciclopedia que vieron los tiempos de la letra impresa. José López Romero.
Julio Cortázar
viernes, 30 de octubre de 2026
viernes, 16 de octubre de 2026
LITERATURA 0,0
Afirmaba Juan Benet hace años en una entrevista que “es el público el que dicta el gusto cultural, y a medida que el público va siendo más extenso, el gusto es, por fuerza, más mediocre” (“Babelia”, 15 de agosto de 1992). Una afirmación que, como casi todas, puede ser discutible, pero que el paso del tiempo lejos de quitarle la razón, se la ha ido dando con creces. Porque, si la aplicamos al terreno literario, podemos observar que se ha consolidado en el mercado narrativo un tipo de novela al que, como las bebidas 0,0 le han quitado el elemento o componente que les daba el sabor auténtico y lo han sustituido por otros aditamentos o “potenciadores” de un sabor que en nada se parece al original sino, muy al contrario, convierte a la novela-bebida en algo insulso o insípido. Esos “potenciadores” no hacen más que halagar el paladar del consumidor que no busca la exquisitez de lo genuino, sino el consumo masivo del producto con el menor daño anímico, sin conflictos. Es decir, y citando de nuevo a Benet: “el gusto” lector se vuelve “mediocre”. Y esta tendencia o corriente lo han visto muy bien los editores y algunos autores, que han aprovechado el tirón para comercializar productos que hacen pasar por buena literatura, cuando en realidad no son más que sucedáneos. Pongamos un ejemplo: la exitosa ‘Hamnet” de la no menos exitosa Maggie O’Farrell. La novela está plagada de técnicas narrativas tomadas, como no podía ser de otra manera, de los géneros más populares de tipo folletinesco o del peor cine de Hollywood. Largas y repetitivas enumeraciones, repetición hasta el cansancio de estructuras, alargamiento pretendidamente dramático de diálogos, escenas que se ralentizan, otras que recuerdan las malas películas americanas, personajes estereotipados y reconocibles por el gusto lector de la masa y que “fruncen el ceño” un número incontable de veces. La película que de esta novela se ha hecho abundará sin duda en estas mismas técnicas para mayor disfrute de un espectador poco exigente. Y así las editoriales nos van colando sin el menor escrúpulo, porque al fin y al cabo son un negocio que debe dar beneficios, esa literatura 0,0 baja en calorías literarias, especialmente indicada para paladares blanditos y agradecidos que gustan del melodrama facilón y plañidero. Historias amables, aunque con un toque dramático, y si este aborda un problema social actual, mucho mejor. Y el producto está listo para que lo recomiende por tik-tok nuestro presidente. Toda una autoridad. Y así estamos. ¡Qué ruina! José López Romero.
sábado, 3 de octubre de 2026
MAQUIAVELO
“Un príncipe no tiene por qué preocuparse de mantener su palabra. Para Maquiavelo, un príncipe eficaz tiene que «aprender a no ser bueno». Lo más importante es mantenerse en el poder, y prácticamente todo aquello que sirva a tal propósito es aceptable. No sorprende, pues, la fama adquirida por El príncipe, el libro en el que explica detalladamente todo esto, desde su publicación en 1532. Algunas personas lo consideran un libro malévolo o, en el mejor de los casos, un manual para gánsteres; otros piensan que es el retrato más fiel de cómo funciona realmente la política. Aunque solo algunos lo admiten, muchos políticos actuales lo leen (revelando con ello que quizá están poniendo en práctica sus principios).” Esta cita (perdón por su extensión) está recogida del libro ‘Una pequeña historia de la filosofía’, cuyo autor es Nigel Warburton, editado por Galaxia Gutenberg en 2013. Han pasado trece años y estas palabras no han perdido vigencia alguna, al menos en nuestro país. Ni que decir tiene que Maquiavelo, como suele pasar con mentes privilegiadas, conocía a la perfección el alma humana, sus miserias y sus ambiciones desmedidas y también sabía que la historia, para desastre y condena de la Humanidad, termina por repetirse una y otra vez. Lo importante es mantenerse en el poder a toda costa, incluso por procedimientos tan expeditivos como el asesinato, que puso en práctica César Borgia, a quien tanto llegó a admirar el propio Nicolás. Hoy, sin llegar a métodos tan radicales, los gánsteres utilizan las cloacas del Estado. Cuestión de escrúpulos, pero el mismo fin. José López Romero.
lunes, 21 de septiembre de 2026
A JUAN CIENFUEGOS GARCÍA, IN MEMORIAM
El pasado 18 de septiembre fallecía mi (nuestro) amigo Juan José Cienfuegos García, con quien compartí las tareas docentes durante más de treinta años, primero en el I.E.S. Asta Regia, donde nos conocimos, y después, desde 1990-1991 hasta 2014-2015, en el I.E.S. Padre Luis Coloma, curso en el que se jubiló. Doctor en Filología Clásica y catedrático de Latín y, sobre todo, marido, padre, abuelo y amigo. Pocas personas he conocido que hayan amado más la vida que Juan, porque pocos como él se enorgullecían de sus orígenes humildes; Juan tenía a gala haber nacido en una familia de modestos carpinteros de Villanueva de los Castillejos (Huelva), su bien amado pueblo donde hoy descansa en paz, y era consciente de todo el esfuerzo (un ejemplo permanente de la cultura del esfuerzo hoy tan denostada) que le había costado llegar a los estudios superiores y llegar a ser doctor, catedrático de Latín e investigador (sus estudios definitivos de su querido Paulino de Nola. Edición de sus ‘Poemas’ en la prestigiosa editorial Gredos). Amaba la vida con la sencillez de los humildes y su materia con la pasión de los buenos académicos, una pasión que transmitía a sus alumnos, con el mismo cariño y la misma generosidad que lo convirtió en un ejemplo para todos los compañeros y amigos que disfrutamos de su sensibilidad para la literatura y su enorme y profundo conocimiento de los studia humanitatis, como excelente conocedor y degustador era de nuestros clásicos españoles. Un innovador en la didáctica de las lenguas clásicas y en el uso de las nuevas tecnologías cuando estas aún no se habían aplicado en las aulas. Un adelantado a su tiempo en todos los aspectos profesionales. Juan amaba la vida en sus grandes y pequeños detalles, en la buena comida (el buen jamón de su tierra) y la buena bebida, en la conversación con los amigos (¡cuántas habremos tenido, querido Juan, en tantos años juntos! ¡Cuánto nos habremos reído en el Asta Regia y cuando compartimos la enseñanza en el turno de Adultos del Coloma!). Generoso, leal, brillante, enciclopédico. Y sobre todo amaba la vida porque esta tenía sus nombres más queridos: Carmen, su mujer, Irene, su hija, y ahora una nietecita que ha sido la luz de sus últimos días. Un amor a su familia como marido, padre y abuelo que traspasa sin duda el tiempo y el espacio; un amor mucho más allá de la muerte. Descanse en paz un hombre sobre todo bueno con su vida y con la vida de los que lo conocimos y nos llenamos de su amistad y de su amor. Te voy (vamos) a echar mucho de menos. “Nunc tamen interea haec, prisco quae more parentum / tradita sunt tristi munere ad inferias, /accipe fraterno multum manantia fletu / atque in perpetuum, frater, ave atque vale” (Catulo, CI). José López Romero.
jueves, 27 de agosto de 2026
LECTURAS DE VERANO III
Javier Velaza. Visor, 2025.
El XXXVII Premio Loewe (2025) es un poemario deslumbrante. Partiendo de los principios filosóficos de Gorgias (poema introductor), el libro se distribuye en las tres partes marcadas por aquellos. Poemas en los que se celebran las ignorancias, ya sean científicas y cómo estas se convierten en metáforas del ser humano (“Problemas algebraicos”, “Fotónica”), o las lenguas, pues Javier Velaza no puede prescindir de su vocación filológica (“Lenguas antiguas”, “Idioma”). Pero la variedad temática va más allá. Algunos insisten en la ignorancia como esencia humana, de ahí el título del poemario (“De todas las maneras de ignorar”, “Coalemo”); y otros, como “Único”, son excelentes poemas de amor. Para degustar la poesía. J.L.R.
Guadalupe
Nettel. Anagrama, 2020.
Ya
reseñamos aquí su novela ‘Después del invierno’, y la segunda lectura de esta
escritora mexicana nos ratifica en lo que ya muchos han escrito antes que
nosotros: una de las mejores narradoras actuales hispanoamericanas; y esto es
decir mucho y bueno de Nettel. Laura no tiene instinto maternal; es más, se
reúne de amigas que ven en la maternidad una opresión social más contra las
mujeres. Sin embargo, las historias de Alina y su recién nacida Inés, y la de
su vecina Doris y su hijo Nicolás, le harán ver la maternidad desde otra
perspectiva y ella misma descubrirá sentimientos que tenía ocultos. Una novela
llena de sensibilidad, de reflexiones sobre el comportamiento de padres, madres
e hijos. Muy recomendable. J.L.R.
sábado, 1 de agosto de 2026
LECTURAS DE VERANO II
La era de los embusteros
Liu
Zhenyun. Siglo XXI, 2020.
Liu
Zhenyun (mayo, 1958) es un prolífico escritor chino. Como guionista ha
colaborado en la adaptación de algunas de sus novelas al cine. En ‘La era de
los embusteros’ combina tres historias que tendrán un final en el que las tres
finalmente se unen. Y más que embusteros hoy los denominaríamos corruptos, pues
buena parte de sus personajes se dedican a la política, de ahí que se pueda
hacer una lectura de esta novela en clave muy actual, porque al negocio de
comisiones y tráfico de influencias para la realización de obras públicas, se
añaden la intervención de chicas de compañía que muestran un talante bastante
emprendedor, como la protagonista de la primera parte Niu Xiaoli, con la
comienza todo el entramado narrativo. Muy interesante. J.L.R.
Liu
Zhenyun. Siglo XXI, 2019.
En
la misma dinámica que ‘La era de los embusteros’, Liu Zhenyun vuelve a
ofrecernos una crítica tan severa como mordaz de los políticos chinos. La
disputa que la pobre Li Xuelian va a tener durante veinte años con la justicia
de su país por un problema matrimonial, le sirve a Zhenyun para exponer la
fragilidad y precariedad, pero también las ambiciones e intereses de los cargos
públicos. Una pobre campesina pone en jaque a todo el sistema judicial y
político de su región al intentar llegar hasta la asamblea general, que
anualmente se celebra en Pekín, con el fin de pedir justicia. Y para que no
consiga su propósito no escatiman en engaños y gastos. Novela, como la
anterior, que puede leerse sin duda en clave muy actual. J.L.R.
jueves, 9 de julio de 2026
LECTURAS DE VERANO I
La forastera
Olga
Merino. Alfaguara, 2020.
Olga
Merino (Barcelona, 1965) es, en mi opinión, una de las novelistas más
importantes y de mayor calidad del panorama actual de la narrativa española.
Nada tiene que envidiarle a nadie. Con cinco novelas publicadas (cinco o
incluso menos bastan para reconocer a una excelente escritora), con ‘La
forastera’ obtuvo el Premio de la RAE de 2020. Con un estilo poderoso, crudo,
con un dominio de la descripción y la narración, Merino nos presenta a Angie,
la narradora-protagonista, que termina por refugiarse, huyendo de un pasado
tormentoso en Inglaterra, en su pueblo natal. Un espacio inhóspito, lleno de
personajes fracasados que aún arrastran el peso de su historia. Magnífica.
¡Cuidado! Merino crea adicción. J.L.R.
Mapa
de una ausencia
Andrea
Bajani. Siruela, 2017.
La
editorial Siruela ha apostado por este polifacético escritor italiano (Roma,
1975), y una de sus obras más célebres es esta novela ‘Mapa de una ausencia’,
en la que el protagonista, Lorenzo, debe trasladarse a Bucarest para asistir al
entierro de Lula, su madre. En este relato Bajani combina con maestría las
relaciones en el pasado de madre e hijo y las cada vez más prolongadas
ausencias de Lula por asuntos de negocios, hasta la incomunicación final, y el
encuentro con los espacios y las personas con las que convivió Lula en la
capital de Rumanía. Un proceso de abandono o distanciamiento y de deterioro que
el narrador-protagonista va analizando a lo largo de la novela con un tono
intimista que se adecúa a la perfección a la trama. Interesante. J.L.R.
viernes, 19 de junio de 2026
JEREZ EN TRES SAGAS POLICÍACAS
Desde siempre la novela policíaca ha gozado del favor popular. Ya desde sus lejanos orígenes en las páginas de la prensa decimonónica o en los folletines impresos en papel barato, logró ser una vía de escape y ocio para un creciente número de lectores. Lo cierto es que desde Poe y su genial invención de Auguste Dupin, considerado el primer detective de la historia de la literatura, hasta la novela enigma inglesa, en la que Agatha Christie, Conan Doyle o Chesterton dejaron profunda huella, la novela policíaca fue adaptándose a la sociedad del momento y transformándose con esta, para seguir por encima de modas y costumbres atrayendo a un cada vez mayor número de adeptos. Luego llegaría la novela negra, un giro que Dashiell Hammett, Raymond Chandler y otros escritores norteamericanos le dan a lo policíaco al final del primer tercio del siglo XX, y que viene a demostrar que este subgénero literario ha ido mutando a lo largo de los años hasta el momento presente, aunque manteniendo algunas señas de identidad irrenunciables como un protagonista carismático, un misterio por resolver y un trasfondo social que siempre influye en el devenir de la trama. Sin embargo, este subgénero ha arrastrado una fama de menor, y eso que algunos de los autores y autoras hasta aquí mencionados desdicen esa asentada opinión a la vez que otros siguen prestigiando el género como Benjamín Black, Henning Mankel, Petros Markaris, Patricia Highsmith, entre otros muchos. Quizás esa poca valoración de las historias policíacas haya sido más evidente en nuestro país que en Europa o Norteamérica, donde solo hasta bien entrado el siglo pasado algunos escritores y escritoras de renombre sintieron la tentación de navegar por el género, y nos referimos en este caso a Emilia Pardo Bazán con su detective Selva o Wenceslao Fernández Flórez con el excéntrico inspector Ring.
Luego
vendrían García Pavón, Vázquez Montalbán, Tomás Salvador, Francisco González
Ledesma, Alicia Jiménez Bartlett, Lorenzo Silva y tantos otros. Lo cierto es
que hoy la eclosión de lo policíaco en el universo literario es evidente y
pocos autores se resisten a aventurarse por sus claves y entresijos.
En la provincia de Cádiz, sobre
todo en la capital, este subgénero
también ha ido desde hace unos años incorporando autores que van acaparando la atención de los lectores, como
es el caso de Benito Olmo con su saga gaditana protagonizada por el detective
Bianquetti o el malogrado Rasero Balón con su genial Benito Bran, quizás los
más representativos entre un numeroso elenco. ¿Pero y en Jerez?
Aunque pueda sorprender existen tres sagas literarias escritas por autores de esta ciudad y que teniendo a Jerez como escenario, desde hace unos años vienen captando un número nada despreciable de seguidores.
La primera, cronológicamente, surge de una manera inesperada cuando el profesor José López Romero y el bibliotecario municipal Ramón Clavijo Provencio, con una larga bibliografía a sus espaldas en el campo de la investigación histórica, deciden colaborar pero esta vez en el campo de la ficción, para hurgar en un hecho histórico que aún levanta gran interés en la ciudad como es la primera Campaña de Excavaciones en Asta Regia en busca de Tartessos, por parte del arqueólogo Manuel Esteve Guerrero en 1942. Fue entonces cuando decidieron que su novela, aparte del componente histórico debería seguir las pautas del género policíaco, y en 2013 se publicaba ‘Asta Regia’, en la que el protagonista principal es el arqueólogo mencionado aunque en el libro aparece otro personaje, el inspector Castilla, que adquiere especial relevancia. El éxito de esta novela que tiene desde su aparición tres ediciones y numerosas reimpresiones, hizo que los autores decidieran continuar, ya en forma de saga, con una serie de novelas protagonizadas por dicho inspector y que seguirían las mismas pautas de la primera: un hecho luctuoso y violento en el Jerez de la posguerra dará pie a una investigación policíaca que trascurre paralela a unos hechos históricos no solo relevantes a nivel local, sino nacional. Y a partir de ahí la serie “Inspector Castilla” (Primero publicada por el sello Canto y Cuento y luego por Luna Nueva Libros), la integran ya cinco libros (‘La ciudad que no sueña’, ‘Operación estraperlo’, ‘Juego de marionetas’ y ‘¡Vigilad a Fleming!’ ), el último publicado en abril de 2025, y sigue acumulando lectores y críticas favorables en medios tan reputados como la revista nacional especializada en el género ‘Solo Novela Negra’ (Barcelona) o en catálogos como el del Grupo de Investigación Bibliográfica de AMESDE (Madrid) sobre Narrativa sobre la Guerra Civil y el franquismo.
Cuando en 2014 se falla el V Premio de abogados de Novela 2014, auspiciado por el Consejo General de la Abogacía, la Mutualidad de la Abogacía y la editorial Martínez Roca, tampoco entonces el autor de la novela galardonada, el abogado jerezano Juan Pedro Cosano Alarcón, tenía claro que su novela fuera a ser el principio de una saga literaria. Cosano por entonces ya había publicado otra novela, en este caso histórica, que tuvo cierta repercusión, ‘Hispania’, pero qué duda cabe que el premio mencionado a su libro ‘El abogado de pobres’ de tintes histórico policíaco judicial, le dio a la mencionada novela una proyección mediática enorme.
Tres
series policíacas de autores de aquí, y que reflejan Jerez desde distintas
perspectivas convirtiendo la ciudad en una protagonista más: el vital Jerez
dieciochesco de Pedro Alemán, la oscura ciudad de la posguerra del inspector
Castilla o ese Jerez contemporáneo festivo y singular en el que el policía Santi
Álvarez debe intervenir.
Sin
duda tres buenas sagas policíacas que desde Jerez enriquecen también este exitoso subgénero literario.
viernes, 5 de junio de 2026
LAS ARMAS CONTRA LAS LETRAS
“Los ejemplos nos enseñan…que el estudio de las ciencias reblandece y afemina los ánimos en lugar de afirmarlos y aguerrirlos. El más fuerte Estado que aparece en este momento en el mundo es el de los turcos, pueblos igualmente adiestrados en el aprecio de las armas y el desdén de las letras… Las naciones más belicosas de nuestros días son las más toscas e ignorantes.” Así afirma Michel de Montaigne en su Libro I, capítulo XXIV de sus ‘Ensayos’ (Acantilado). Compagnon (quien hace además el prólogo a esta edición) comenta en su magnífico librito ‘Un verano con Montaigne’ (reseñado en esta misma página) que “no busquemos en Montaigne ninguna complacencia excesiva por las letras, sino la defensa aristocrática de la superioridad de las armas, de «la ciencia de obedecer y mandar». El arte de la paz no es la retórica sino la fuerza, que disuade más que persuade.” Después de tantas guerras que a lo largo de la historia de la humanidad el hombre ha sido capaz de librar en su afán de autodestrucción, el mundo de hoy no ha aprendido la lección y seguimos abriendo frentes y matándonos los unos a los otros con total impunidad. Aunque familiarizado con Erasmo, como argumenta Compagnon, el gran humanista que creía en la superioridad de la pluma sobre la espada (‘Querella pacis’), Montaigne no era del parecer ni compartía las esperanzas ilusorias del roterodamés. Hoy, la fuerza de las armas se impone a sangre y fuego y sin contemplaciones a la diplomacia. De nada sirven los esfuerzos de la pluma, las capacidades de los negociadores para acabar con conflictos que destruyen ciudades y vidas de inocentes. A estas alturas identificar nación fuerte con aquella que está adiestrada en el aprecio de las armas y desdeña las letras no creo que tenga mucho sentido. No creo que Rusia, por ejemplo, cuya historia (hasta la más reciente del siglo XX) está marcada por los rigores y las terribles consecuencias de las guerras, sea una nación amante de la fuerza que menosprecia su enorme y rica cultura. Como tampoco lo puedo pensar de los EE.UU. Son sus líderes, sus gobernantes los que imponen la política del enfrentamiento con el único fin de aniquilar al enemigo. Son personajes como Putin, Trump o Netanyahu, los que deciden por sus ciudadanos que más vale la disuasión de una bomba que el diálogo y las conversaciones de paz. Sin embargo, una de las grandes y más famosas sentencias clásicas reza: si vis pacem para bellum (“si quieres la paz, prepara la guerra”), toda una advertencia de nuestros clásicos que deberíamos aplicar a los malos e inquietantes tiempos que se nos avecinan. ¿Tendrá razón Montaigne? Quiero creer que no, pero… José López Romero.
viernes, 22 de mayo de 2026
A BAJO PRECIO
“¡Ya no le doy más oportunidades a este autor!”, me decía el otro día un amigo lector sin remedio. Y en el fragor del cabreo, añadía en ese monólogo que todos hemos entonado alguna vez cuando leemos gato por liebre: “¡Y es que no escarmiento! Y caemos en ese prestigio del escritor consagrado… Pero esta última novela que he leído está llena de pequeños trucos narrativos, esas fullerías de estilo que delatan no precisamente el buen profesional, sino al marrullero. Que si unas largas enumeraciones sin sentido, que si unos cambios temporales un tanto pretenciosos… Y lo peor, las opiniones que se leen en blogs y las críticas de supuestos especialistas: “una novela intimista… en la que el autor desnuda su infancia…” y otras sandeces de la misma especie. Nada. Autor a la agenda de los proscritos”, sentenció finalmente. Pero se había calentado. Le había tomado gusto al bombardeo y prosiguió en su soliloquio enrabietado: “¡¿Y qué me dices de esa literatura salida de talleres de creación, como si fueran de repostería?! Muy bonito todo, muy reivindicativo, pero nos quieren hacer pasar por literatura para adultos lo que no dejan de ser novelas para adolescentes. Me podrás decir que las editoriales tienen que vender y los críticos tienen que comer todos los días, pero están haciendo nuevos lectores poco exigentes, acomodados a narraciones esquemáticas, llenas de tópicos y muy superficiales...”. Aproveché que le daba un buen sorbo al refresco que tenía delante, para meter baza. “Y si esta es la literatura de ahora, ¿qué vas a hacer?”. “Pues refugiarme en los clásicos. Nunca defraudan”. José López Romero.
viernes, 8 de mayo de 2026
FRAUDE
La lista de fraudes, engaños y supercherías en la historia de la literatura no es para contarla por no inacabable. Si ya en pleno siglo XVI fray Antonio de Guevara consiguió fama de inventarse citas que atribuía a autores clásicos para así dotar de mayor prestigio a sus escritos, no menor superchería resultó ser el opúsculo ‘El buscapié’ que el ingenioso historiador gaditano Adolfo de Castro se inventó y que atribuyó al mismísimo don Miguel de Cervantes, quien supuestamente lo escribió a modo de defensa de la primera parte de su obra inmortal. La primera edición de esta obrita se publicó en 1848 (en la Imprenta, librería y litografía de la Revista Médica, a cargo de D. Juan B. de Gaona, Plaza de la Constitución. 11 de Cádiz), profusamente, hasta el cansancio, anotada por el supuesto descubridor, con el vanidoso afán de mostrar y demostrar su erudición a aquellos círculos literarios gaditanos y españoles, en general, algunos de los cuales se tragaron el fraude de Castro con todos sus engañosos y aparatosos avíos. Y en pleno siglo XVIII, como ya se ha encargado de estudiar Joaquín Álvarez Barrientos, en su artículo “Apuntes sobre falsificación y plagio en la República Literaria española del siglo XVIII”, un escritor como Cándido Mª Trigueros se sacó de la manga un tal Melchor Díaz de Toledo, cuya supuesta obra poética se encargó de editar como contribución al canon clásico que debía imperar en la República de las Letras patrias. Una superchería que bien supo descubrir el poeta Meléndez Valdés que denunció los errores léxicos cometidos por Trigueros en su fallido intento de “anticuar” la lengua al uso del XVI. Fraudes y engaños que ocultaban una intención que trascendía la anécdota literaria: la imposición de un canon para “apoyar el modelo estético gubernamental”, es decir, “al servicio de una ideología”. ¿Les suena? El ayer del siglo XVIII no es más fraudulento que el hoy. Quizá no tengan que inventarse escritores para configurar e imponer el canon, para eso ya se encargan de dar premios, subvenciones y otras regalías a los que están en ejercicio, pero está claro que las editoriales y, sobre todo, los medios de comunicación al servicio de las distintas ideologías, van imponiendo una serie de autores y unos gustos literarios que nada tienen que ver con la cultura como ámbito de libertad e independencia. Álvarez Barrientos señala: “Las famosas «dos Españas» tienen su origen aquí… Y a los dos «bandos» se les adjudicó además conductas, valores, gustos e indumentaria que los caracterizaba e identificaba. De manera que el canon literario-cultural… se ramificaba y completaba en otros ámbitos, que lo justificaban desde la política, como aval necesario para tener vigencia y legitimidad”. ¡A que les suena! José López Romero.
viernes, 24 de abril de 2026
MEJORES
Cuando asistía a cócteles y fiestas siempre terminaba enganchada a un grupo en el que alguien hacía algún comentario sobre el último libro que había leído, y la conversación entonces giraba hacia libros y lecturas. “No. No son mejores por ser lectores”, se decía para sí aquella joven que se desconectaba de la conversación a poco de empezar. Ella no era lectora y le aburría e incluso le molestaba ese afán de amigos y conocidos por intercambiar opiniones sobre autores y novelas. “Se sienten superiores a los que no leemos. ¡Panda de engreídos!”, pensaba con cierto rencor. Tras el cristal de su copa en aquellos saraos a los que asistía, como si de una ventana indiscreta se tratara, observaba y lanzaba su mirada desdeñosa a aquel círculo de presuntuosos que, en su opinión, se creían mejores que el resto de la humanidad: aquel insoportable y petulante, que no hacía más que elogiar la última novela, “una obra maestra” sentenciaba, cuando ella sabía que solo era lector de contraportadas; o aquel otro que incluso se las daba de escritor, cuando a sus espaldas sus propios amigos le llamaban “el juntaletras”. Ellos no eran mejores personas por ser lectores. La lectura no era un factor fundamental para determinar las virtudes de una persona. Ella estaba segura de que la lectura no estaba en sus genes, pero no por ello era peor persona. En su fuero interno, aunque no quería reconocérselo, no era realmente esa sensación de superioridad o de sentirse mejores lo que creía percibir y le molestaba de la gente que leía, sino un inconfesable y vergonzante complejo de inferioridad. José López Romero
viernes, 10 de abril de 2026
EL LADO CORRECTO
“Padre, una preguntita (mi hijo cuando utiliza el diminutivo, malo). ¿Tú te consideras en el lado correcto de la literatura?” “Eso, father”, le oigo de lejos a mi hija (cuando los dos están de acuerdo, peor). “Buena pregunta” (leo en la cara de mis hijos una sonrisa de condescendiente satisfacción). Buena pregunta -repito- si supiera cuáles son los lados de la literatura. “¡Pero los de la Historia parece que están muy claros!”, me replican. Sí, para el que se cree que está en el correcto. Y precisamente es la propia Historia la que nos da la lección de que no ha habido gobernante por muy sanguinario que este fuera que no se considerase en el lado correcto de su historia. Los grandes genocidas del siglo XX, Hitler aún lamenta (resucitado por Timur Vermes en su libro ‘Él ha vuelto’) no haber acabado su labor de la “solución final” para exterminar a todos los judíos sobre la faz de Europa. De la misma manera se creería Neville Chamberlain en el lado correcto de la historia cuando se mostró complaciente con el mismo Hitler en sus planes de expansión de los Sudetes. Y así, todos los que han ejercido el poder con la arbitrariedad de la violencia, la represión y la inoperancia. Pero yo no sé qué lados tiene la Literatura, por lo que no podría considerarme en el correcto ni en su contrario. Si como manifestación artística el lado correcto es la belleza, el buen gusto, el estilo elegante y depurado, yo diría que me gusta ese lado; si, por otro, convenimos en el compromiso de los autores para denunciar los problemas y abusos de la sociedad y del tiempo en el que viven a través de sus obras, debo confesar que también estoy muy de acuerdo con este otro lado, porque la literatura es al fin y al cabo fruto de la época en la que se produce y, por ello, debería tener también la función ética de hacernos a los lectores tomar conciencia y, en lo posible, proponer soluciones. Y si unimos los dos lados, entonces no podría estar más de acuerdo que ese sería el correcto de la Literatura. ¿Ejemplos? Vayamos a conocidos. Autores como Fernando Aramburu y sus novelas sobre el terrorismo de ETA; Rafael Chirbes y el desencanto de la transición española (no de las grandes decisiones, sino de las alcantarillas y sumideros de los políticos rastreros y mezquinos); o para irnos más lejos, las obras de Chinua Achebe y de Chimamanda Ngozi Adichie sobre la Nigeria pre y poscolonial; o también ‘Tengo miedo, torero’ de Pedro Lemebel, una novela extraordinaria en todos sus lados. La buena literatura, en definitiva, no tiene lados ni correctos ni incorrectos. Es buena en sí misma y en su todo. ¿La Historia? Como la feria. Mis hijos ya habían huido hacía tiempo. Y en un alarde de atrevimiento se me ocurrió preguntarle a mi mujer ¿y cuál es mi lado correcto de la cama? el sofá. ¡Cuánta ingratitud! José López Romero.
viernes, 27 de marzo de 2026
EL RUFIÁN DICHOSO
Calificada por Francisco Ruiz Ramón como “comedia de santos”, Cervantes escribió ‘El rufián dichoso’ y la publicó en 1615 incluida en el volumen titulado ‘Ocho comedias y ocho entremeses nuevos nunca representados’. En tres actos, a la manera instaurada por Lope, don Miguel escenifica la vida de Cristóbal de Lugo, un truhan, un pícaro insatisfecho dentro del mundo del hampa, plagado de rufianes, que campa con total libertad por las calles de Sevilla, pues la sombra protectora del inquisidor Tello de Sandoval lo libra de ser apresado por la justicia. La primera jornada o acto se cierra con una partida de cartas: si pierde, se hará bandolero; pero gana, y es entonces cuando vive la experiencia interior de su conversión. La segunda jornada se localiza en México y Cristóbal de Lugo se ha transformado en fray Cristóbal de la Cruz, famoso en toda la ciudad por su vida penitente y ejemplar. Y de nuevo Cervantes se reserva una última escena para cerrar este segundo acto: fray Cristóbal lucha para salvar el alma de doña Ana de Treviño, quien no cree en la misericordia de Dios. Fray Cristóbal ofrece todas sus buenas obras a cambio de los pecados de doña Ana, y al tiempo que esta muere en gracia de Dios, fray Cristóbal “queda cubierto por la lepra, signo visible de que el cielo ha aceptado su oferta”. La tercera jornada es una lucha del santo contra las fuerzas del mal. La lepra va desapareciendo de su cuerpo para, finalmente, “recibir el homenaje del máximo representante de la autoridad civil”. Si en clave política actual escribiera don Miguel esta comedia, el título se trocaría en ‘El dichoso rufián’, y el santo en un fantoche más propio del esperpento. José López Romero.
viernes, 13 de marzo de 2026
LA SEMANA SANTA EN LA LITERATURA
‘La Semana Santa en la literatura’ es una de las últimas publicaciones de la editorial Almuzara que aquí saludamos y damos la bienvenida, pues todo estudio que relacione tradiciones populares con textos literarios siempre suele aportar nuevas visiones y perspectivas tanto de unas como de los otros. El trabajo corre a cargo de Eugenio Vega Geán, un investigador que conoce como muy pocos la Semana Santa en general, y la jerezana, e incluso la andaluza, en particular. El trabajo de E. Vega mantiene los mismos niveles de calidad, profundidad y exhaustividad a los que nos tiene acostumbrados en sus publicaciones, muchas de ellas referidas a la propia Semana Santa, otras a cultos religiosos en general. El repaso que hace de autores y obras literarias alcanza desde la literatura medieval hasta nuestros más actuales días, en cuyas páginas se incluyen ilustraciones que complementan ese recorrido Semana Santa-Literatura en el que podemos destacar, como uno de los valores añadidos del volumen, la cantidad de referencias desconocidas para el común de los lectores, y que estudios como este vienen a rescatar de entre la enorme producción de todo tiempo y época. El grueso del trabajo de centra, como no podía ser otra manera, en las dos últimas centurias (XIX-XX), donde encontramos sobre todo en la novela realista y naturalista los ejemplos más interesantes de esa relación entre la religiosidad popular y la trama narrativa, dos elementos que los novelistas han ido utilizando en sus obras ya sea como complemento al marco espacio-temporal, ya integrado en la propia psicología de los personajes. El pasaje (que E. Vega consigna en su estudio), pongamos por ejemplo, de doña Ana Ozores, la regenta, expuesta a las miradas siempre escrutadoras y severas de la alta sociedad de Vetusta, en procesión de Viernes Santo vestida de nazarena y descalza, exhibida como un triunfo por don Fermín de Pas, el magistral, en la grandiosa novela de Clarín (‘La regenta’, cap. XXVI), es un buen ejemplo de cómo un escritor perfila una escena que se convierte en símbolo de las intrigas y oscuros intereses de sus protagonistas. Trabajos como este de E. Vega, al margen de su indudable interés en todos los aspectos, poseen un enorme valor para lectores en general, aficionados y, sin duda, para estudiosos e investigadores. Reunir las referencias que en la literatura a lo largo de su historia se pueden encontrar sobre la Semana Santa es lo mismo que, en otros tiempos, hacían los grandes humanistas cuando recopilaban adagios (Erasmo), historias de grandes hombres y grandes mujeres (Boccaccio), para que sirvieran de consulta, uso y lectura para todos. Todo un acierto. José López Romero.
viernes, 27 de febrero de 2026
¡CÓMO ESTÁ EL PATIO!
Enciendo el móvil y no paro de ver desde hace varias semanas las dos mismas caras en esas noticias sueltas de Google. Un joven con boina o gorra de las que se le desborda una abundante pelambrera y un señor mayor que luce un buen rapado capilar, enzarzados ambos en réplicas y contrarréplicas a cuenta de no sé qué jornadas sobre la eterna Guerra Civil. El joven no es otro que David Uclés, la sensación editorial del pasado año con su novela ‘La península de las casas vacías’ (Siruela con esta y con ‘El infinito en un junco’ ha dado dos sonoros pelotazos), y debo reconocer el poco interés que tengo en leerla, pues a estas alturas de la vida para encararme con novelas de más de cuatrocientas páginas, prefiero releer a los grandes conocidos que a éxitos del momento, más cuando estamos ante un epígono de una corriente literaria que gozó de su esplendor y hoy ya desgastada de tanto usarla. Y el señor mayor, ya se pueden suponer, es Arturo Pérez Reverte, otro rey Midas de la editorial Alfaguara, pues desde hace muchos años todo lo que ha escrito lo ha convertido en éxito, en especial aquellas novelas en conmemoración de efemérides. Y también debo reconocer que tampoco me he mostrado especialmente interesado en su literatura, aunque leí en su momento sus primeras novelas. Pero este artículo no iba de confesiones de lector vergonzante, sino de la polémica suscitada por esas jornadas sobre la Guerra Civil: que si para uno terminó en el 39 y, en cambio, para el otro en el 75… cuando doctores tiene la Guerra mucho más autorizados que cualquier jornada al efecto. Y esta coyuntura la han aprovechado muchos para disparar (valga la metáfora) a todo lo que se menea. Y así, la que fuera la gran novela del año pasado, ahora se ha convertido en un relato farragoso al que le sobran páginas (¿a qué novela de más de cuatrocientas no le sobran?), y ya que estamos en faena su buen repaso se está llevando la que ha obtenido el premio Nadal, por no hablar de las críticas recibidas por el propio Uclés (cambio de Siruela a Planeta, los escrúpulos ideológicos que de pronto se olvidan cuando de dinero se trata…). Pero tampoco Pérez Reverte se ha ido de rositas y le han llovido las críticas ya no tanto por su currículum literario, sino también por sus posiciones ideológicas. Lo cierto de toda esta trifulca alimentada en las redes (ya saben: bulos, fango, mentiras…), es que el patio literario, como le es consustancial, está a la primera que salta para criticar, despellejar y llevarse por delante a nuevos y veteranos. Lo último, afirmar que ‘La ciudad de las luces muertas’ (el premio Nadal) es peor que las novelas de Juan del Val. ¡Qué maldad! ¡Qué insulto! ¿para quién? José López Romero.
viernes, 13 de febrero de 2026
EL ALGORITMO ASESINO
Su género favorito desde que tenía uso de lectura era, sin duda, la novela negra o policiaca o de suspense, como gusta llamarles a sus obras la gran Claudia Piñeiro. Había leído a los clásicos norteamericanos, a los ingleses y franceses; y llevaba ya unos años leyendo con avidez las excelentes novelas europeas e hispanoamericanas del género. Sin olvidar a los asiáticos (japoneses y chinos). Y le dio por querer escribir una. Se sabía como pocos los resortes, el engranaje y las piezas que debía reunir una novela: el policía o detective maduro; un muerto o incluso varios, el misterioso asesino, la trama o el motivo del crimen… Y un día al ver una noticia en los informativos, se le encendió la luz: ¡el algoritmo asesino! Y se documentó. ¿Qué era un algoritmo? ¿Cómo podía matar lo que, según la IA, es una “secuencia ordenada, finita y bien definida de pasos o instrucciones para resolver un problema, realizar un cálculo o ejecutar una tarea específica”? Y en la misma definición estaba la respuesta: algún oscuro personaje (quizá un tecnoligarca de moda) sería el que “realizaría los cálculos” para que una máquina “ejecutara una tarea específica”: ¡matar! Y no se le ocurrió otra que un móvil. A través del sonido lanzaría una onda asesina por la que les reventaría la cabeza a las víctimas sin dejar huella. Al cabo de varias semanas lo tenía casi todo bien organizado. Pero faltaba el sexo (“en toda novela debe haber alguna escena de cama”), y surgió la pregunta ¿con quién podría acostarse un algoritmo? Y la respuesta no pudo ser otra: con una ecuación de segundo grado, y así el policía podría despejar la “X”. José López Romero.
viernes, 30 de enero de 2026
MIEDO
Pasado ya un tiempo, bueno es siempre reflexionar sobre aquellos grandes hombres que antes que nosotros aquí estuvieron y que son ahora ejemplo de la vanidad de la vida. Uno de ellos, por su pérdida tan próxima es, sin duda, el difunto Mario Vargas Llosa, como hombre inteligente que era y excepcional escritor que es (pues vive en sus obras), más de una vez se le pasaría por la cabeza en esos últimos momentos de su vida, cuando ya se sabía con los dos pies en el otro estribo, si la fama que había ido adquiriendo y amasando a cada golpe de novela, lo haría inmortal o, por el contrario, cuando ya pasara el tiempo que todo lo destruye, no sería más que otro cadáver en ese montón tirado en la cuneta de la historia de la literatura, que a veces no tiene piedad con sus mejores criaturas. La duda no es baladí pues, conocedor como era de nuestro pasado literario, no sería ajeno a casos y a torres, si no más altas, a una altura lo suficientemente considerable para creerse a salvo del tiempo y sus agravios. A don Mario le asaltarían en la memoria los nombres de autores que en su siglo gozaron de éxito y prestigio y que ahora duermen el sueño del olvido, carne de cañón de nota al pie de enciclopedias que ya nadie quiere. Y seguramente que entonaría, ya en su lecho de muerte, aquel Ubi sunt? al recordar qué fue de aquellos poetas y dramaturgos que dieron brillo a nuestra edad dorada; qué de los grandes escritores de novelones que hacían llorar a las porteras, las mismas que en las postrimerías del siglo decimonónico se peleaban por adquirir la última entrega; qué de los finos y sentimentales escritores de relatos cortos que tanto esplendor dieron a este género en los inicios del siglo pasado, qué, sin ir muy lejos, de aquellos autores de novela rosa que copaban las listas de éxitos en los años más grises de nuestro siglo XX… Y por su cabeza irían desfilando nombres y más nombres, premios y más premios, fama al fin y al cabo efímera, simple vanidad. Y como un personaje de tragicomedia clásica se preguntaría para qué escribió tanto, para qué edificó historias y construyó sueños, para qué, en definitiva, adquirió fortuna tanta con tantos desvelos. Y ya a punto de expirar reconocería que nadie, ni los más grandes como él tienen la inmortalidad garantizada, ni pueden estar a salvo de la impiedad de un mundo que ha perdido el control y sus referentes, en el que la lectura, por la que tanto luchó, es una actividad anticuada y reducida a grupos de personas que oponen una cada vez más débil resistencia a los embates de un tiempo tan adverso como inoportuno. Don Mario murió en olor de santidad literaria, lo que no garantiza la “eterna-unción”. José López Romero.
viernes, 16 de enero de 2026
UNA DE TÓPICOS
“Ya sé que estamos siempre solos… / que la felicidad se desvanece… / que la vida carece de sentido… / que quienes andan por la calle / son solo muertos con unos días / de permiso. Lo sé. Sé todos los tópicos. / Y sé que son verdad…”, dice José Luis García Martín en uno de sus poemas. Tan excelente poeta como crítico literario (ver su blog “crisisdepapel.blogspot.com”). Y a todos estos tópicos que Gª Martín va desgranando en sus versos, podríamos añadir otro que también sabemos todos y que, sin embargo, de vez en cuando, nos hace llevarnos las manos a la cabeza: “casi todos los premios literarios en este país están ya dados de antemano” (¡cuidado!: “casi todos”), y si no, que se lo pregunten a García Montero o a Andrés Trapiello, quien tendrá muchas anécdotas que contar al respecto. Por eso, no entiendo, sabiendo como lo sabemos, que haya levantado tanto escándalo la concesión del Planeta. Antes se intentaba premiar a un primera figura, que midiese su dignidad literaria en euros, caso de Cela, con escándalo de plagio incluido, o de Mario Vargas Llosa. Sin embargo, no se dejó embaucar por la dotación del premio Miguel Delibes, cuya dignidad literaria estaba muy por encima del saldo de su cuenta corriente. Que se premie a una mujer o a un hombre de la casa, y si el personaje despierta cierta polémica no es más que la prueba de que la literatura o, mejor dicho, los premios, como el Planeta, no son más que un negocio, y que la empresa además de recuperar el gasto quiere obtener beneficios, cuanto más, mejor. Y como diría Gª Martín: “Ya sé que somos polvo y sombra/ pero mientras el polvo dura / el mundo está bien hecho”. Pues eso. José López Romero.























