Esta mañana me crucé con el tomo 27 de la enciclopedia Espasa, el que recoge las entradas desde GUB hasta HN. El pobre daba pena. Las pastas hinchadas, con algunos desgarros, descuadernado… Un cristo. Yo conocía a toda su familia de mi época de estudiante y no pude por menos que acercarme a él y preguntarle qué le había pasado. “Una tragedia –se lamentaba amargamente– ¡Qué desgracia! Llevábamos en aquella casa, en nuestra estantería de toda la vida, años y años de exposición, de adorno. Hasta que un día decidieron prescindir de nuestros servicios. “Necesitamos este testero para poner la mesa y el ordenador del niño”. Ni dos días duramos. Una noche nos vimos todos en el contenedor de la basura. Unos individuos que pasaban por allí comentaron que podrían llevarse algunos tomos para la chimenea porque el papel arde muy bien. Yo pude salvarme oculto entre la inmundicia y la basura, pero con los daños que ya ves. Y ahora vago por las calles, me oculto tras algún árbol cuando noto el peligro… ¡Con lo que nosotros hemos sido! “La Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana”, era nuestro título. Solo nos faltaba que nos concedieran la grandeza de España –recordaba con tristeza–. Y mírame ahora.” Y lo vi alejarse renqueante, cojeando, perdiendo hojas a cada paso que daba. Es carne de cañón –pensé. En una de estas noches terminará en un fuego que mitigará el frío de unos individuos, quienes no sabrán nunca que estaban quemando la mejor enciclopedia que vieron los tiempos de la letra impresa. José López Romero.
