Afirmaba Juan Benet hace años en una entrevista que “es el público el que dicta el gusto cultural, y a medida que el público va siendo más extenso, el gusto es, por fuerza, más mediocre” (“Babelia”, 15 de agosto de 1992). Una afirmación que, como casi todas, puede ser discutible, pero que el paso del tiempo lejos de quitarle la razón, se la ha ido dando con creces. Porque, si la aplicamos al terreno literario, podemos observar que se ha consolidado en el mercado narrativo un tipo de novela al que, como las bebidas 0,0 le han quitado el elemento o componente que les daba el sabor auténtico y lo han sustituido por otros aditamentos o “potenciadores” de un sabor que en nada se parece al original sino, muy al contrario, convierte a la novela-bebida en algo insulso o insípido. Esos “potenciadores” no hacen más que halagar el paladar del consumidor que no busca la exquisitez de lo genuino, sino el consumo masivo del producto con el menor daño anímico, sin conflictos. Es decir, y citando de nuevo a Benet: “el gusto” lector se vuelve “mediocre”. Y esta tendencia o corriente lo han visto muy bien los editores y algunos autores, que han aprovechado el tirón para comercializar productos que hacen pasar por buena literatura, cuando en realidad no son más que sucedáneos. Pongamos un ejemplo: la exitosa ‘Hamnet” de la no menos exitosa Maggie O’Farrell. La novela está plagada de técnicas narrativas tomadas, como no podía ser de otra manera, de los géneros más populares de tipo folletinesco o del peor cine de Hollywood. Largas y repetitivas enumeraciones, repetición hasta el cansancio de estructuras, alargamiento pretendidamente dramático de diálogos, escenas que se ralentizan, otras que recuerdan las malas películas americanas, personajes estereotipados y reconocibles por el gusto lector de la masa y que “fruncen el ceño” un número incontable de veces. La película que de esta novela se ha hecho abundará sin duda en estas mismas técnicas para mayor disfrute de un espectador poco exigente. Y así las editoriales nos van colando sin el menor escrúpulo, porque al fin y al cabo son un negocio que debe dar beneficios, esa literatura 0,0 baja en calorías literarias, especialmente indicada para paladares blanditos y agradecidos que gustan del melodrama facilón y plañidero. Historias amables, aunque con un toque dramático, y si este aborda un problema social actual, mucho mejor. Y el producto está listo para que lo recomiende por tik-tok nuestro presidente. Toda una autoridad. Y así estamos. ¡Qué ruina! José López Romero.
