Julio Cortázar

"Un libro empieza y termina mucho antes y mucho después de su primera y de su última página" (Julio Cortázar)
"Mientras se puede dar no se puede morir" (Marceline Desbordes-Valmore)

sábado, 27 de octubre de 2018

PREMIO


La concesión a Pepe Mateos del Premio Torino in Sintesi (ver Diario de Jerez, 19 de octubre), al mejor escritor extranjero de aforismos es una buena noticia por partida doble. En primer lugar, por concedérsele a un paisano nuestro que nunca ha abandonado esta ciudad con el propósito de un reconocimiento más fácil, lo que prueba que cuando se hacen las cosas bien, cuando se tiene calidad no importan las distancias, aunque es de reconocer que más esfuerzo sin duda cuesta hacerse más visible para la crítica. Pepe Mateos lleva ya a sus espaldas una obra literaria con tantos premios que ya no puede considerarse una excepción a la regla de que para triunfar hay que salir de provincias. Y en segundo lugar, porque parece ser que la literatura de aforismos vuelve a ponerse moda o a resucitar, después de que poca, muy poca atención se le haya prestado en los últimos tiempos. Y sin embargo, la literatura de sentencias o, mejor dicho, los recopilatorios de sentencias y aforismos extraídos de los clásicos, tuvieron a lo largo sobre todo del siglo XVI, aunque se prolongó en las centurias siguientes, un esplendor del que ahora parece que vuelve a gozar de forma más original. En el XVI los autores llenaban sus escritos de sentencias que consultaban en libros recopilatorios como el “Sententiarum volumen absolutissimum” de Stéphano Bellengardo (no otra intención que la modernización de estas citas clásicas tuvo el libro titulado “Aurea dicta” con prólogo del mismísimo Enrique Tierno Galván). Y al comienzo del siglo pasado, las famosas “greguerías” de Ramón Gómez de la Serna dan el espaldarazo definitivo a un género que en estos últimos años cultivan escritores como Andrés Trapiello, Carlos Marzal o Andrés Neuman. Con el premio concedido a Pepe Mateos se reconoce la calidad y la sensibilidad del escritor de aforismos, y que el lector las puede apreciar por igual en sus poesías y relatos. Enhorabuena. José López Romero.

viernes, 19 de octubre de 2018

TORMENTO


Cuál fue su sorpresa cuando en vez de una ruinosa y destartalada barca, se encontró un catamarán último modelo. Y más sorprendido se quedó cuando en lugar de un viejo con barba al remo, el capitán de aquel barco era un apuesto joven con uniforme. “¡Qué va! –le respondía aquel joven a sus preguntas y asombro- Ya hace unos cuantos años que se cambió el servicio y con este, el patrón. La barca ya estaba inservible, demasiados años y demasiados trayectos. Y el viejo aprovechó un ERE y se jubiló.” Y siguió el joven con su monólogo: “Cuando eso sucedió, intentaron privatizarlo, pero de inmediato le dieron consideración de “universal” y, como sabe, antes cada uno traía su monedita, pero ahora ya es gratis; lo de siempre: el gratis total que tan de moda se ha puesto… ¿Que qué hace entonces con la moneda? No se preocupe, adonde va, siempre la puede necesitar… ¿Y me ha dicho que era usted?” “Escritor” –le respondió el todavía asombrado pasajero. La verdad es que la travesía fue bastante placentera, las aguas siempre calmas de la laguna le permitían disfrutar del paisaje un tanto agreste que la bordeaba por ambos márgenes. Llegados a su destino, no hubo más remedio que hacer cola para identificarse. Y entre los recién llegados, acertó a reconocer a algunos políticos, que hacían una cola especial y entraban por una puerta distinta. Los mismos funcionarios que le tomaron los datos, le señalaron la puerta que debía traspasar. Cuando así lo hizo, el panorama no pudo por menos que decepcionar al escritor. Él había leído en los textos sobre el infierno, en especial en la “Divina comedia” esos nueve círculos llenos de tormentos y penalidades a que son sometidas las almas, como toda la literatura que sobre los infiernos se ha escrito: cadáveres comidos por serpientes; fuegos en los que se achicharran los traidores, aquel infierno de los enamorados descrito por el marqués de Santillana donde él querría que lo mandaran por ese toque a lo romántico del que podría presumir ante sus colegas… Nada de eso. Cuando traspasó la puerta asignada, un señor con una bata blanca le dio la bienvenida y le explicó con todo detalle el funcionamiento de la que él llamaba “la casa”. “No. Esto no tiene nada que ver con la literatura ¡qué equivocados estos poetas! Aquí todos estamos distribuidos por profesión; usted me ha dicho que es escritor, pues después le acercaré a sus dependencias. Le noto un poco decepcionado, no lo esté, ¡si aquí va a encontrarse con amigos, con enemigos y hasta con algunos y algunas colegas que ni se imagina ¡tanto éxito y ahora…!. Solo una aclaración, en su caso, como el de todo escritor que viene al infierno, el único alimento serán sus libros. Se los tiene que comer. Es el procedimiento. Pero mucho peor lo tienen los que no han leído nunca un libro, pues tienen que leer cada página que usted después debe comerse. ¿Y con la moneda qué hace? Además de comerse sus libros, previamente los tiene que comprar. Y si no le alcanza el dinero, porque son muy caros, puede conseguirlo haciéndose lector de algún compañero o compañera, esos son méritos o puntos que puede canjear por monedas. Y así por toda la eternidad.” José López Romero.


viernes, 12 de octubre de 2018

TUFO


Cuando leyó aquello en el periódico local, saltó como un resorte de su butaca, fue al cuarto de baño y se lavó a conciencia las manos, se olisqueó la ropa. No encontró olor que no fuera el suyo o del jabón del lavabo. “Hay que acabar con todo lo que huela o suene a Pemán”, habían proclamado los grandes jefes, y él, que gastaba fama entre los suyos de ciudadano ejemplar, no podía permitirse que de nada ni de nadie de su familia pudieran sospechar que oliesen o sonasen a Pemán, lo que habría supuesto graves y terribles consecuencias. Por eso, las instrucciones a su mujer y a sus dos hijos fueron precisas: había que extremar la limpieza para no oler ni lejanamente a Pemán y mucho cuidado con los sonidos. Para ello y para curarse en salud, cambiaron el ambientador del hogar y el suavizante de la ropa por la marca “la flor de mi secreto”, una fragancia insulsa pero libre de toda sospecha. Al cabo de unos días, su hijo mayor le contó que el maestro había expulsado de clase a un alumno por oler a Pemán que apestaba, y que él y unos cuantos amigos lo habían esperado en el recreo, le habían quitado el bocadillo y le habían dado unas cuantas collejas. ¡Bien hecho!, fue la respuesta de aquel ciudadano modelo, padre también ejemplar. Y ya incluso se confirmaba que había habido depuraciones en su trabajo; una compañera había sido despedida porque el jefe la había acusado de que el motor de su coche tenía un cierto sonido a Pemán. Y cuando vio en los periódicos la foto del jefe supremo que no tenía escrúpulo alguno en negociar con criminales y golpistas, y al que habían pillado en algún que otro fraude (¡envidia de enemigos!, lo justificaba), se dijo para sí extasiado en la contemplación de la imagen que aquel eximio doctor nunca olería a Pemán. Un día, su hija pequeña le preguntó a bocajarro: “Papá, ¿a qué huele o suena Pemán?”. Él por única respuesta solo acertó a decirle: “No sé, hija. Pero tú calla y obedece”. José López Romero.



martes, 21 de agosto de 2018

LECTURAS PARA VERANO III


El caso Collini

Ferdinand von Schirach. Salamandra, 2013.

Como abogado, Schirach ya ha publicado varios volúmenes de relatos en los que analiza distintos procesos criminales: ‘Crímenes’ y ‘Culpa’, ambos de enorme éxito en Alemania y ‘El caso Collini’ no podía ser una excepción ni en la temática abordada ni en el éxito y, sobre todo, la repercusión que esta novela tuvo en su país nada más publicarse. Fabrizio Collini mata a Hans Meyer, un prestigioso empresario. Se da la circunstancia de que el asesino ha trabajado durante veinte años en la empresa del muerto. Pero por la violencia con que Collini ha desfigurado el rostro de Meyer una vez muerto hace suponer que sus motivos no serían precisamente el acoso laboral. Pero Collini se niega a confesar. Al joven e inexperto abogado Caspar Leinen le corresponde la defensa de Collini, con el agravante de que Leinen fue íntimo amigo del nieto de Meyer y mantiene cierta relación con Johanna, su nieta. Muy buena. J.L.R.

Biblioteca en llamas

Juan Bonilla. Renacimiento, 2016.

El jerezano Juan Bonilla además de ser un excelente narrador, tanto en sus novelas (‘Prohibido entrar sin pantalones’, premio Bienal de novela Vargas Llosa de 2014), como en sus relatos (‘El que apaga la luz’; ‘Tanta gente sola’), también destaca en su faceta de crítico literario o, para más extensión, de articulista que tiene a la literatura como eje central de sus textos. En el volumen ‘Biblioteca en llamas’ ha recopilado un buen número de estos trabajos, ejemplos todos de un género en el que Bonilla se mueve con admirable facilidad. Esa combinación de rigor, seriedad, reflexión, ironía (mucha) y sus buenas dosis de humor, además del anecdotario personal hacen de estos artículos una lectura muy amena e instructiva. Leer a escritores que escriben sobre otros autores y obras es siempre muy aleccionador, y si lo hacen con el tono de Bonilla, muy entretenido. Un libro para disfrutarlo. J.L.R.



miércoles, 15 de agosto de 2018

ADULTOS


En un trabajo sobre la lectura, mi alumna Teresa Sánchez incluye dos citas del gran Borges; esta para empezar su comentario: “nunca se termina de aprender a leer, tal vez como nunca se termina de aprender a vivir”; y esta otra para cerrarlo: “Uno es lo que es por lo que ha leído”; citas inteligentes y muy adecuadas para el tema del trabajo que les pedía. ¿Que una alumna cita a Borges y los profesores se quejan del analfabetismo funcional de su alumnado? Increíble, pero cierto. Teresa no deja de ser una excepción, que las hay, a una norma que se cumple con terrible exactitud. Y sin embargo, y ya que estamos a punto de cerrar un nuevo curso y me invade el espíritu de las vacaciones veraniegas, quiero romper una lanza a favor de buena parte del alumnado adulto que intenta recuperar el tiempo perdido o invertido en otros menesteres y que llenan año tras año las aulas de los centros de adultos de nuestra ciudad, pedanías y pueblos de alrededor (CEPER y SEPER, e institutos de educación secundaria). Tratar con buena parte de este alumnado es un permanente ejemplo, para sus maestros y profesores, de humildad y esfuerzo personal; más allá de la instrucción académica, muchos de ellos y ellas nos enseñan todos los días la superación de las personas que quieren por diferentes motivos recuperar, reincorporarse a unos estudios que abandonaron prematuramente por razones muy variadas: enfermedad, necesidad de trabajar, fracaso escolar, etc. Algunos compaginan trabajo con estudios en horarios realmente inhumanos, o incluso con embarazo o con las responsabilidades familiares, en un esfuerzo que todos admiramos y valoramos, porque ver en sus caras la ansiedad por aprender lo que no pudieron en su momento, el interés por sacarse un título que les abra nuevas puertas en el siempre difícil mercado laboral, es una de las grandes e impagables satisfacciones que nos reporta a los profesionales que nos dedicamos a la enseñanza de personas adultas este alumnado que, como Teresa, a veces nos sorprenden con dos citas de Borges o con su afición a la lectura. Todo un ejemplo de vida y superación. José López Romero.