Julio Cortázar

"Un libro empieza y termina mucho antes y mucho después de su primera y de su última página" (Julio Cortázar)
"Mientras se puede dar no se puede morir" (Marceline Desbordes-Valmore)

viernes, 1 de octubre de 2021

EL OCASO DEL IMPERIO

Desde la ventana puede ver entre los picos las últimas nieves que el tibio sol de primavera aún no ha logrado fundir. Él, arrebujado en una manta, achacoso de mil dolores y cicatrices, espera y recuerda. Retirado en aquel rincón de La Rioja, después de tantos afanes, de guerras, viajes, estrecheces e intrigas solo le queda la memoria pero también el olvido. Después de toda una vida al servicio del imperio, nada le queda salvo ese rincón de la tierra que lo vio nacer, allá por 1518, y que será también la que lo cubra, porque ya solo espera a la muerte. “Yo, Ioan de Spinosa, humil vasallo de Vuesa Magestad, dize que hauiendo partido de su corte por el mes de abril del año presente con orden de Vuesa Magestad para boluer a servir a Venecia, se puso en camino y siguió su viaje con harto trabajo y necesidad, por no hauer querido ser molesto a Vuesa Magestad en demadalle ayuda de costa y que llegado a Milán cayó malo de calenturas…”, escribía en 1565. Sus recuerdos se agolpan en tropel en su cabeza. Aquellas fiebres por poco se lo llevan por delante. ¡Y Venecia! A la que por fin, después de dos meses, “en que se puso en nuevas deudas”, pudo arribar para ponerse de nuevo al frente de toda la información sobre la construcción de la armada y de los movimientos que el Turco preparaba para castigar las costas de la cristiandad. Venecia era un hervidero de espías, de buitres al acecho de noticias que él bien sabía hacer llegar a la secretaría del emperador y después de este a la del gran don Felipe II. “Por las últimas cartas que esta Señoría tiene de Constantinopla de 24 hasta 30 de agosto, se entiende que el Turco hauía mandado que se fabricasen de nueuo quarenta galeras…”. A sus sesenta y dos años repasa toda su vida. Su bautismo de armas, cuando apenas contaba con diecisiete años, en la guerra de Túnez que el emperador conquistó, o acompañando a don Pedro González de Mendoza en las guerras del Piamonte, o cuando tuvo que sofocar a la infantería española amotinada, hasta su asentamiento en Venecia, como “secretario de la cifra y de las cosas de Estado”. Pasa por su memoria como en postales toda la geografía de Europa en la que guerreó: Francia, Sicilia, Nápoles, Toscana, Romagna, Lombardía, Piamonte, Flandes y Alemania. Y siempre con peticiones de amparo para su necesidad y para saldar deudas contraídas al servicio del imperio: 150 escudos de renta; merced de 200 escudos concedido por don Gabriel de la Cueva, gobernador de Milán; al menos 20 escudos para cubrir los gastos de aquellas malditas fiebres de Milán… En 1580 publica Juan de Espinosa el ‘Diálogo en laude de las mugeres’, y confiesa: “algunos errores tocantes a la orthographía o cosas semejantes, excúseme el no podello emendar  la enfermedad grave con que al tiempo que se imprimía yo me hallaba”. Cae la tarde y con ella ese sol de primavera que no alcanza a calentar a un viejo olvidado por la historia. Tres siglos y medio más tarde otro viejo español escribiría uno de sus últimos versos: “estos días azules y este sol de la infancia”. José López Romero.

  

lunes, 16 de agosto de 2021

LECTURAS PARA VERANO III


Cuando Lázaro anduvo

Fernando Royuela. Alfaguara, 2012.

Después de una gris vida laboral como empleado de banca, Lázaro sufre un ERE que lo lleva de cabeza a la prejubilación (hasta aquí la historia del protagonista por desgracia no dista mucho de la de miles de españoles). Y cuando “disfruta” de su obligado retiro, un derrame cerebral lo lleva a urgencias, cuyos médicos le certifican la muerte. Al ser conducido a la morgue, de forma inexplicable resucita y les pide a los camilleros un cigarrillo. Devuelto a este mundo, la vida de Lázaro da un vuelco total en el que más que protagonista de su destino, termina por convertirse en espectador de una serie de acontecimientos a los que asiste a veces aburrido y cansado, y otras divertido. Fernando Royuela con un estilo en la mejor tradición irónica de nuestra literatura, nos va describiendo y criticando una sociedad que no sabe qué hacer con una inoportuna resurrección. Magnífica. J.L.R.

 

La muerte del comendador

Haruki Murakami. Tusquets bolsillo, 2018.

No sé si Murakami merece el Premio Nobel y por problemas de pronunciación de los suecos se lo dieron a Bob Dylan, de lo que sí puedo dar fe es que este famoso escritor japonés cuenta sus novelas por éxitos merecidos, no solo por la buena legión de devotos lectores que le siguen, sino también por su calidad. Y ‘La muerte del comendador’ no es en este sentido una excepción. El protagonista-narrador de esta larga y entretenida historia, pintor de retratos, después de separarse de su mujer se instala en una casa propiedad del también pintor Tomohiko Amada, del que descubre en el desván el cuadro titulado ‘La muerte del comendador’. A partir de aquí, la trama se va centrando en las relaciones del protagonista con dos vecinos: la niña Marie Akikawa y Wataru Menshiki, tan misteriosos ambos como el cuadro y el agujero, como una cripta, que descubren. J.L.R.

lunes, 2 de agosto de 2021

LECTURAS PARA VERANO II


Magnetizado

Carlos Busqued. Anagrama, 2018.

El pasado 29 de marzo encontraban muerto en su casa a Carlos Busqued. Contaba 50 años de edad. Había nacido en Roque Sáenz Peña, provincia de Chaco (Argentina) en 1970 y vivía desde hacía años en Buenos Aires. La editorial Anagrama ya le había publicado varias novelas, entre las que destacan ‘Bajo este sol tremendo’ y la que aquí reseño ‘Magnetizado’. Con ecos de ‘A sangre fría’ de Truman Capote, Busqued va desentrañando a lo largo de esta novela o crónica o serie de entrevistas la personalidad de Ricardo Melogno, quien sin justificación o motivo alguno mató en septiembre de 1982 a cuatro taxistas con el mismo “modus operandi”: un disparo en la cabeza desde el asiento de atrás del propio taxi. Busqued recoge en su narración todo tipo de materiales, entre los que destaca la serie de entrevistas que le hizo al mismo Melogno en la cárcel. El relato del asesino y su paso por las cárceles y los manicomios es realmente estremecedor. Muy recomendable. J.L.R.

El corazón de Yamato

Aki Shimazaki. Lumen, 2019


Quizá más famosa por su novela ‘Hozuki, la librería de Mitsuko’, Aki Shimazaki es una escritora y traductora de origen japonés y canadiense de adopción, que ya tiene en su haber un reconocido prestigio avalado por varios premios internacionales. En ‘El corazón de Yamato’ Shimazaki parte de una historia, el amor entre T. Aoki y Yuko, con la empresa Goshima de fondo, para a través de ella ir enhebrando diversos relatos que protagonizan otros personajes relacionados con la pareja protagonista y que, por tanto, aparecen en la primera historia; e incluso los propios Aoki y Yuko. Así, la novela se convierte en una especie de mosaico o puzle de vidas, cuyas piezas van dando sentido a las otras, tanto al pasado como al presente y futuro de los personajes. Un relato muy bien hilvanado, en el que Shimazaki nos presenta diferentes temas (amor imposible, bulling, homosexualidad…), con exquisita sensibilidad. Una novela excelente. J.L.R.

viernes, 16 de julio de 2021

LECTURAS PARA VERANO I

La guerra de los pobres

Éric Vuillard. Tusquets, 2020.

Después de ‘La batalla de Occidente’ y la magnífica ‘El orden del día’, no me he podido resistir a esta otra novela corta de Éric Vuillard. Un autor que tiene en estas tres novelas un estilo y una elaboración narrativa muy definidos. Más parecen crónicas noveladas fruto de una previa investigación. Si en la primera el tema era la Gran Guerra; y en la segunda, el inicio de la II G.M.; en esta tercera, Vuillard nos relata la sublevación campesina que se produjo en Alemania entre los años 1524 y 1525 y que tuvo como cabeza o líder de la revuelta a Thomas Müntzer. En nombre de Dios, de un Dios de los pobres, de los desharrapados, de los que padecen hambre y miseria, de los que sufren la violencia y los atropellos de los nobles, se rebelan unas hordas de menesterosos contra todo un ejército bien pertrechado. La carnicería es total y sin contemplaciones. Müntzer fue decapitado. Un relato, aunque corto, intenso. En la línea del mejor Vuillard. J.L.R.

 

Romanticismo

Manuel Longares. Cátedra, 2008.

Ya lo he dicho en varias ocasiones: uno a veces llega a ciertos, a muchos libros un poco tarde, pero bendito el momento en que se llega. Y esto me ha pasado con esta monumental novela de M. Longares que ya puede considerarse con todo merecimiento una de las obras maestras de nuestro siglo, aunque solo hayan transcurrido dos décadas de este. Con una prosa brillante, apabullante, que deja extasiado al lector, y por momentos anonadado, Longares nos relata la historia del “cogollito”: la vida de la alta burguesía madrileña (barrio de Salamanca) desde los días anteriores a la muerte de Franco hasta los finales del siglo XX, con la victoria socialista (¡qué ha sido de aquel partido!) en 1982. La inquietud, el desasosiego de una clase adinerada y ociosa ante un futuro incierto y cómo va evolucionando a través del tiempo y los cambios que se producen en la generación posterior, son los temas tratados con la maestría narrativa y deslumbrante de Longares. Imprescindible. J.L.R. 

domingo, 4 de julio de 2021

CABALLERO BONALD

Pasado ya un tiempo prudencial, el que dista del dolor a la aceptación resignada de la pérdida, tiempo en el que los escritores ya reposan en sus obras, a disposición, como siempre lo están, de los lectores, quiero, si me lo permiten, contar mis encuentros con la obra de J.M. Caballero Bonald. No sé si fue antes la lectura de ‘Dos días de setiembre’, en la edición de Argos Vergara (1979) o de ‘Selección natural’ la antología al cuidado del propio Caballero que publicara la editorial Cátedra allá por 1983, mis primeros encuentros, lo cierto es que son dos lecturas a las que les he sacado un buen partido, pues la novela fue la protagonista de una de la sesiones del club de lectura de la biblioteca municipal, y algunos poemas de aquella selección (“Espera”, “Nombre entregado”…) se los leo todos los años a mis alumnos en un intento, siempre desesperado, de que pongan al menos un verso, un poema en sus vidas. Más tarde el buen criterio que ahora falta hizo de ‘Toda la noche oyeron pasar pájaros’ lectura obligatoria de aquel tan recordado C.O.U., y así nuestro alumnado pudo disfrutar, si eso es posible cuando la lectura se impone por decreto, de la prosa de Caballero. Y con una periodicidad que no entendía de plazos fijados, sino de gustos y oportunidades, fui adentrándome en el universo narrativo de Caballero en torno a los paisajes de la baja Andalucía: ‘Ágata, ojo de gato’ (de la que conservo una edición de Bruguera, 1977), ‘Campo de Agramante’ y ‘En la casa del padre’, que también propuse con éxito para otra sesión de mi querido club. Y para entender mejor al escritor y también a su obra dos textos, uno leído y otro en consulta, tengo a mano por si falta me hicieran: ‘La costumbre de vivir’, el segundo volumen de sus memorias, y el estudio que le dedicara a sus novelas José Juan Yborra Aznar titulado ‘El universo narrativo de Caballero Bonald’ (Diputación de Cádiz, 1998), el mismo excelente investigador que publicara en la revista ‘Trivium’ (nº 10, 1998) el artículo “Suma bonaldiana, aproximación a los títulos bibliográficos sobre la obra de creación de José Manuel Caballero Bonald”. Y por supuesto, tan a la misma mano, a tiro de brazo, tomo de vez en cuando de la estantería su ‘Somos el tiempo que nos queda’ y leo algunos poemas, sueltos, los que el azar pone ese día ante mis ojos, y termino siempre por releer aquel “Espera” (“Y tú me dices / que tienes los pechos rendidos de esperarme, que te duelen los ojos de estar siempre vacíos de mi cuerpo, / que has perdido hasta el tacto de tus manos / de palpar esta ausencia por el aire, / que olvidas el tamaño caliente de mi boca…”) y, por supuesto, “Nombre entregado” (“Tú te llamabas tercamente Carmen / y era hermoso decir una a una tus letras, / … Ahora es de noche y tú no tienen nombre, / a nadie pertenecen tu voz, tus adjetivos, / mientras cae la lluvia / mansamente y es más torva la vida / cuando al llamarte sé que ya no tienes nombre…”). Y cuando termino de leer estos versos siempre hago el propósito de leérselos al día siguiente  a un grupo de alumnos, para que pongan al menos por un día un poema en sus vidas. Y cuando los leo en clase siempre se produce el milagro: el silencio. José López Romero.