Julio Cortázar

"Un libro empieza y termina mucho antes y mucho después de su primera y de su última página" (Julio Cortázar)
"Mientras se puede dar no se puede morir" (Marceline Desbordes-Valmore)

sábado, 15 de febrero de 2014

MALES

Salvando el natural rechazo que produce el asunto, más cuando todos nos deseamos, sobre cualquier otra cosa, salud… y un poquito de dinero, de siempre me ha gustado la palabra “males” referida o como sinónimo de enfermedad. “Tiene males en la familia”, le oía a mi madre cuando de compadecer a algún conocido o amigo se trataba. Pues bien, al margen del gusto y el disgusto por las palabras, he detectado en los últimos años dos enfermedades, dos males que afectan a buena parte de la población española, uno por exceso y otro por defecto y que tienen a los libros como causa primera y única. El primer mal, al que podríamos denominar “voluminosis”, se presenta en aquellos individuos que suelen leer de forma compulsiva, devoran libros y libros, sin que quede en ellos sedimento alguno de una lectura, que se hace apresurada y falta de las condiciones mínimas para que esta vaya creando un poso de conocimiento e información. Los libros se miden por cantidad, es decir, por número de páginas por minuto, por volúmenes fagocitados por día. Y con ser esta enfermedad de pronóstico reservado, la segunda no podemos por menos que calificarla de grave. Consiste en una especie de repugnancia al formato libro. Los individuos que la padecen sufren como mareos y vómitos con la sola visión de un libro, y llegan al desmayo cuando se encuentran entre sus manos con un ejemplar de una novela que encima tienen que leer. El rechazo a la letra impresa ha sido desde los comienzos de aquel infernal invento de Gutenberg, una de las enfermedades más extendidas en la población española, hasta el punto de que por momentos, estos mismos que nos han tocado vivir, puede llegar a alcanzar la categoría de epidemia. Muchos escolares confiesan sin pudor su aversión al formato libro, a ese cúmulo de páginas encuadernadas que les obligan a leer en los colegios, sin saber, como tampoco lo saben sus propios profesores, que es el síntoma de una enfermedad. Y aunque soy partidario de la terapia de choque, en este asunto aplico el concepto de las dietas: “la que es original, no es buena; y la que es buena, no es original”. Por tanto, vida sana y buena educación. José López Romero.


No hay comentarios:

Publicar un comentario