Julio Cortázar

"Un libro empieza y termina mucho antes y mucho después de su primera y de su última página" (Julio Cortázar)
"Mientras se puede dar no se puede morir" (Marceline Desbordes-Valmore)

sábado, 16 de enero de 2016

UN AÑO EN LA OTRA VIDA

Hay libros que, como diría Borges aunque con otra intención, “ya nunca abriré”, pero cuando cerré el otro día Un año en la otra vida, la última publicación de José Mateos (editorial Pre-textos, 2015), tuve la sensación de que no había acabado su lectura, de que muchas cosas me quedaban por leer de él, de que lo había cerrado, en definitiva, para abrirlo de nuevo dentro de un tiempo. Un año exactamente, del 13 de octubre de 2013 al mismo día y mes pero del 2014, abarca este a modo de diario de vivencias, emociones, experiencias, reflexiones… que Pepe Mateos va consignando en fechas, pero sobre todo transmitiéndonos y convirtiéndolas en palabras, en esas “grandes palabras que no mienten”. El libro se llena de naturaleza a través de los paseos del escritor: flores (el estallido de color de unas adelfas), pájaros (el canto del jilguero), la playa, los arrabales de la ciudad, el camino a la Cartuja… porque él confiesa: “Mi pasión, mi vicio, es pasear. Pasear y contemplarlo todo mientras a veces escucho música por los auriculares. Qué maravilla poseer ojos y oídos, Y que mis ojos y oídos comuniquen directamente con mi corazón”. Y es desde el corazón desde donde Pepe Mateos nos descubre la belleza, la vida, pero también la muerte. El diálogo que mantiene con apariciones de “la otra vida” es una manera de intentar, a través de los recuerdos (la inolvidable sonrisa de Luisa), de entender esta existencia de la que el poeta se resiste a reconocer su naturaleza efímera, de ahí la necesidad de plasmar el disfrute, la emoción de unas flores, de la lectura (constante presencia de libros), de la poesía, de un amanecer, de la lluvia… El amor, la divinidad, la filosofía, la amistad, la música, y hasta los objetos que nos acompañan a diario (el ruido del frigorífico) y durante años y de los que apenas notamos su presencia (un edredón), nada se escapa a la percepción de quien, “desde el dolor o desde la alegría, solo he escrito aquí de lo que amo”. José López Romero.  


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